"No somos una secta ni un grupo escogido de conspiradores; nacemos de la clase obrera y el pueblo, somos pues hombres comunes, sencillos y alegres.

Amamos el pan y el vino, la alegría de vivir, las mujeres y los niños, la paz y la mano cordial del amigo, la guitarra y los cantos, las estrellas y las flores. No somos iracundos ni desarraigados, ni gente que pretende meter la vida en los zapatos estrechos de la fraseología, como lo hacían con sus pies las antiguas mujeres chinas. Marx nuestro maestro hizo suya la frase de terencio: "Nada de lo humano me es ajeno". Por lo mismo también amamos el oscuro heroísmo del trabajo revolucionario de todos los días y no tememos por eso el otro trabajo, cuando toca, de vencer la tortura, las balas o la muerte"


Rodney Arismendi

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martes, 25 de octubre de 2011

ATENTADO contra el local central del PCU


A las 3 de la madrugada de hoy fue arrojada una bomba incendiaria contra el local central del PCU.


El fuego debió ser extinguido por el camarada que estaba de guardia dentro del local.
Se está investigando la filmación de una cámara ubicada en el ingreso del local.

El Partido dará todos los detalles del incidente en una conferencia de prensa a realizarse a las 17 horas en el local central de Fernández Crespo y Asunción. El objetivo de la conferencia es exclusivamente denunciar estos hechos.

"Vamos ´in crescendo´, esto es una cosa que arranca de una manera, primero con una bomba de alquitrán, mañana puede ser otra cosa", expresó el senador comunista Eduardo Lorier ante los medios de comunicación.

Es el tercer atentado de este tipo en el último año contra locales del Partido Comunista.

El 15 de setiembre, un hombre descendió de un auto, arrojó una bomba de pintura negra sobre la fachada de la sede y volvió a subirse al coche, huyendo rápidamente.
"Es extraño que esta provocación se produzca cuando se presentan nuevas denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y se despliegan múltiples iniciativas para evitar el intento de que prescriban los crímenes del terrorismo de Estado", declaró entonces el PCU en un comunicado.

En enero del 2011, un local del partido había sufrido pintadas por parte de presuntos grupos neonazis. En la fachada del local del Partido Comunista apareció un graffiti con una cruz celta y el número "88", asociado al saludo nazi "Heil Hitler".

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Julio Spósito a 40 años de su muerte.



Julio Spósito a 40 años de su muerte. 1971 – 1 de setiembre – 2011
YO RECUERDO
¡Doy fe!
Yo estuve allí.
Yo estuve y padecí
y mantengo el testimonio
aunque no haya nadie que recuerde
yo soy el que recuerda
aunque no queden ojos en la Tierra
yo seguiré mirando
y aquí quedará ardiendo,
No hay olvido, señores y señoras,
y por mi boca herida
aquellas bocas seguirán cantando.
Pablo Neruda

Por la espalda, fue por la espalda que le dieron muerte aquella primera tarde de setiembre a Julio Spósito.

Mister Brown, el dueño CICSSA, se le había dado por vigilar a los obreros de la fábrica de envases de cartón armado con una escopeta. Los trabajadores, que estallaron en conflicto, consiguieron la inmediata solidaridad de los estudiantes. Los peajes, las pintadas y las movilizaciones contra el gringo bravucón se multiplicaron por toda la ciudad. El parlamento llamó entonces a Mister Brown para que diera explicaciones.

Aquel miércoles los militantes del FER nos convocamos a las cinco de la tarde para rodear el Palacio en repudio del patrón. Ahí me encontré a Julio que conversaba con otros compañeros que militaban, como nosotros, en el FER del Suárez. Julio era inconfundible, flaco, rubio, de largos bigotes amarillos de tabaco y barba crecida, con la misma campera de cuero negro de siempre. Lo conocían todos, en el liceo y en el barrio, componía canciones y expresaba su compromiso en las cuerdas de la infaltable guitarra. Soñaba conla Iglesiade Camilo Torres y la construía con los jóvenes de la parroquia San Juan Bautista.

Los “guanacos”, las “chanchitas” y los “roperos” acechaban en las esquinas atestadas de milicos. De pronto se sintieron disparos y una nube de gases lacrimógenos inundó la concentración. Empezamos a correr hacia Medicina y a juntar piedras y a tirarles a los milicos. Así se hizo la noche, Julio y yo estábamos escondidos detrás de una palmera en la vereda de Química cuando una granada de gas estalló a mis pies. Quedé aturdida. “¡Vamos!” –gritó Julio, y arrastrándome de la mano corrimos a refugiarnos enla Facultad–. Entre la confusión, el humo, los gritos y las sirenas subimos los escalones. Entramos, y ahí nomás apoyándose en mi hombro me dice “me parece que estoy herido”, no se sostuvo y cayó boca arriba.

Creíamos que se había desmayado por los gases, un compañero trajo alcohol para reanimarlo. Otro gritaba “¡un médico, que venga un médico!”. “Vamos a acostarlo en esa mesa” sugirió una compañera mientras se sacaba el Montgomery para abrigarlo. Intentábamos levantarlo entre varios compañeros cuando el que pone la mano en la espalda la saca llena de sangre. Crucé Gral. Flores como pude, escuchando los balazos, muerta de miedo. El mismo decano –no lo olvidaré nunca, Pablo Carlevaro– indicó a otros estudiantes que lo llevaran a su camioneta que él lo trasladaba personalmente al Clínicas. Lo pusimos sobre un pizarrón que ofició de camilla y lo sacamos por una puerta trasera. Dentro de la camioneta dos o tres estudiantes trataban de reanimarlo, no se sentían los latidos, casi ni respiraba… “Aunque esté muerto síganle dando” apremiaba Carlevaro. En pocos minutos llegamos pero ya sin tiempo…

19 años. Una bala 38 por la espalda. Nada más. Nunca un culpable.

Después de velarlo en San Juan Bautista y en el IAVA, una multitud inusitada lo acompañó a pie hasta el cementerio del Buceo exigiendo justicia.

Líber Arce, Susana Pintos, Hugo de los Santos, Héber Nieto, Julio Spósito… El golpe de estado borró los reclamos.

La impunidad, no aquella, ésta, intenta sepultarlos. Pero no hay olvido señores y señoras.

Cecilia Duffau
Agradecimiento a Martha Passeggi.
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sábado, 17 de septiembre de 2011

Editorial El Popular nº156: La denuncia de 46 compañeros y la esencia de la impunidad

 
Se concretará en las próximas horas una nueva iniciativa que apunta al corazón de la impunidad. Un colectivo de 46 ex presas y ex presos políticos, la mayoría de ellos en ese momento militantes de la Unión de la Juventud Comunista y casi todos jóvenes militantes estudiantiles, presentarán una denuncia por torturas en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia de la Policía entre los años 1972 y 1983.
En la denuncia patrocinada por el abogado Pablo Chargonia se acusa a 12 oficiales de inteligencia policial, entre ellos Ricardo «Conejo» Medina, hombre del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), ya condenado por la justicia y preso, por violaciones a los DDHH e implicado y aún impune, por su participación en el asesinato en tortura de Alvaro Balbi y la desaparición de María Claudia García Irureta Goyena de Gelman. Esta denuncia contribuye a la lucha general por terminar con la impunidad de los crímenes de lesa humanidad del terrorismo de Estado en varios aspectos.
Cumplir la sentencia de la CIDH.
La denuncia, se suma a los 135 casos por violaciones de DDHH que el Poder Ejecutivo identificó en 16 juzgados de Montevideo y 8 juzgados de 7 departamentos del país, cuya nómina completa fue publicada por EL POPULAR (N° 154). A ese universo judicial se sumarán las nuevas denuncias que se presentarán en los próximos días y las que no fueron identificadas en el relevamiento, por lo que nos aproximaremos a los 200 casos. Todo ese universo de casos está técnicamente abierto, luego de la sentencia de la Corte Interamericana de DDHH en el caso Gelman que ordena al Estado que la Ley de Caducidad «carezca de efectos jurídicos» y «no vuelva a representar un obstáculo para la investigación, identificación de los responsables y establecimiento de la sanciones». El cumplimiento de la Sentencia de la Corte Interamericana de DDHH a cabalidad no es el máximo exigible al que podemos aspirar, por el contrario, es el mínimo aceptable. Su cumplimiento es una obligación para los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo. El Poder Ejecutivo ha dado pasos concretos e importantes: Revocó los decretos de Sanguinetti, Lacalle y Batlle; publicó los casos; comunicó la sentencia a los otros poderes; prepara un acto público donde asumirán la responsabilidad los tres poderes del Estado; ubicará en la ex sede del SID a la Institución Nacional de DDHH, entre otros. El Poder Judicial tiene el enorme desafío de hacer avanzar las causas, investigar y condenar a los responsables. Es un enorme trabajo, de difícil abordaje con la estructura actual del Poder Judicial. ¿No será necesario crear juzgados y fiscalías especializadas y dotarlas de recursos humanos y materiales para investigar? Parece que sí, eso y mucho más. El Poder Legislativo debe adoptar las medidas imprescindibles y los instrumentos legales para garantizar que las investigaciones no tengan obstáculos. Eso vale fundamentalmente en dos aspectos: liquidar formalmente la Ley de Caducidad e impedir, como también dice la Sentencia de la CIDH que no se aplique «ningún instrumento análogo como la prescripción». En el PIT-CNT, en coordinación con un amplio abanico de organizaciones sociales, se analiza la idea de una ley que establezca, sin lugar a dudas que es norma nacional el contenido de la sentencia de la CIDH, puede ser un camino.
Crimen de lesa humanidad e impresciptible.
El escrito de denuncia presentado por Chargonia se mete de lleno en la polémica por el supuesto límite de noviembre y la prescriptibilidad o no de los delitos del terrorismo de Estado. La denuncia es por «crimen de lesa humanidad , privación de libertad (art. 281), atentado a la libertad personal cometido por funcionario público encargado de una cárcel (art. 285), abuso de autoridad contra los detenidos (art. 286), pesquisa (art. 287), violencia privada (art. 288), amenazas (art. 290), lesiones personales (arts. 316 y ss.), violación (art. 272), atentado violento al pudor (art. 273)». «La violación planificada de derechos humanos encuadra la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad, imprescriptibles e inamnistiables, cuya investigación y persecución penal constituye un deber estatal inevitable en protección de los derechos humanos. Las personas mencionadas no fueron víctimas de un delito ordinario sino de un crimen de lesa humanidad cometido por el aparato represivo estatal», afirma la denuncia, fundamentando esta posición en jurisprudencia nacional e internacional.
La tortura a juicio.
Otro aspecto trascendente de la denuncia de estos 46 compañeros y compañeras es que se realiza contra la tortura, la principal modalidad represiva de la dictadura en Uruguay, aplicada sistemáticamente contra más de 10 mil uruguayas y uruguayos y por la que, paradójicamente, no hay un solo represor procesado. «Los testimonios dan cuenta de operativos dirigidos contra militantes de la UJC en los años 1972, 1973, 1974, 1975, 1976, 1980, 1981 y 1983. La UJC y el PCU fueron objeto de los operativos denominados «Alemania», «Trabajo» y «Morgan»», indica la denuncia mostrando la extensión en el tiempo y la dimensión masiva de la práctica de la tortura, y por supuesto también, la resistencia de las y los militantes por la libertad y dentro de ellos de los comunistas. Los métodos de tormento fueron variados, en la denuncia se sostiene que se identificaron 26 formas de tortura aplicadas en nuestro país, entre las que destaca: plantones, encapuchamiento, picana eléctrica, submarino o tacho, colgamiento, caballete, estaqueamiento, violaciones, simulacros de fusilamiento y uso de drogas. Las 46 compañeras y compañeros, recordaron el horror y testimoniaron lo que les hicieron. Para ver de lo que hablamos, recogemos solo uno, el de una compañera que en 1983, cuando fue detenida tenía 21 años: «Termino en un lugar, creo que al fondo del segundo piso, allí comienzan a interrogarme. Me desnudan y me cuelgan de las muñecas, los brazos hacia atrás. Estando así me manosean y me lastiman los pezones. Me hacen el submarino con agua. Luego con capucha de nylon o algo así, y estando colgada y agarrada por dos o tres tipos, me violan por el ano y la vagina. Primero con un palo, y luego uno de ellos, produciéndome lastimaduras y pequeñas hemorragias en el intestino que me duran como diez días. Estando colgada me aplican picana en todo el cuerpo». Esta denuncia fue hecha, con valentía y dignidad, en 1985 en la Comisión Investigadora del Senado, hace 26 años. La Ley de Impunidad, el compromiso con la impunidad de la derecha, las mentiras y bombas de humo de los grandes medios y nuestras insuficiencias y errores han permitido que los responsables de esos hechos este impunes. Lo mismo ocurre con los otros 45 compañeros y compañeras y con miles de mujeres y hombres, cuyo único delito fue luchar por la libertad contra la dictadura. La necesidad de encontrar soluciones jurídicas y el debate político nos llevan a veces a llevar el tema de la impunidad a una abstracción que nos hace olvidar lo principal: que fue lo que hicieron los represores que la derecha ha mantenido y quiere mantener impunes. La lucha contra la impunidad y contra sus responsables, los impunes, no es una abstracción ideológica o un concurso académico de jurisprudencia, es fundamentalmente para que los que secuestraron, violaron, asesinaron y desparecieron paguen por sus crímenes. De eso estamos hablando. Las soluciones jurídicas podrán ser debatibles, académicamente se podrá sostener una u otra postura, políticamente se podrá analizar de una u otra manera, pero no hay que permitir que nos escamoteen el debate esencial. Todo se resume al principio y al final en si se está con la verdad y la justicia o si por acción u omisión se está con los impunes, que vale recordarlo una vez más: son secuestradores, torturadores, violadores, asesinos y desparecedores de seres humanos. Tan simple y diáfano como eso.